Los 7 errores más caros que cometen las empresas al mantener su flota propia

Tener una flota propia puede ser una ventaja competitiva enorme o un pozo sin fondo, dependiendo casi exclusivamente de cómo se la gestiona. La diferencia entre ambos escenarios rara vez está en la cantidad de vehículos ni en su antigüedad: está en los hábitos de mantenimiento y en las decisiones que se toman, o se evitan, día a día. Estos son los siete errores que más dinero les cuestan a las empresas con flota propia, y que suelen aparecer juntos.

Error 1: Esperar a que algo se rompa para actuar

El mantenimiento reactivo es el más extendido y el más caro. Cambiar un componente de emergencia cuesta entre un 30 % y un 60 % más que hacerlo en forma programada, sin contar el costo real de tener un vehículo fuera de servicio durante horas o días. Una unidad parada no solo genera un gasto de reparación: genera pérdida de operación, retrasos en el servicio y, en muchos casos, penalidades contractuales.

El mantenimiento preventivo basado en kilómetros o períodos fijos es el punto de partida mínimo. El predictivo, basado en datos de uso real, es el siguiente nivel, aunque requiere algo de inversión inicial en sistemas de seguimiento.

Error 2: No llevar un historial de cada unidad

Si el mecánico es quien «sabe» el historial de cada vehículo, la empresa tiene un problema estructural. El conocimiento que vive en la cabeza de una persona desaparece cuando esa persona no está.

Un registro simple por unidad —con fecha, kilometraje, trabajo realizado y costo— permite detectar patrones, anticipar fallas recurrentes y justificar decisiones de renovación. No hace falta un software sofisticado para empezar: una planilla bien mantenida ya marca una diferencia sustancial frente a no tener nada.

Error 3: Comprar repuestos sin criterio de costo total

El repuesto más barato no siempre es el más conveniente. Muchas flotas optan por piezas de menor precio que tienen vida útil más corta, lo que genera reemplazos más frecuentes y, en algunos casos, daños en componentes adyacentes que terminan siendo más costosos que el ahorro inicial.

La compra de insumos para flota debería evaluarse siempre con criterio de costo por kilómetro o costo por período, no por precio unitario. Eso cambia completamente qué proveedor conviene y qué producto se elige.

Error 4: No medir el consumo de combustible por unidad

El combustible es, en la mayoría de las flotas, el gasto operativo más grande. Sin embargo, pocas empresas miden el consumo por vehículo de forma sistemática. Un desvío del 10 % en el consumo de una unidad puede deberse a una falla mecánica, a un problema de presión de neumáticos, a un cambio en el perfil de uso o, directamente, a un problema de control interno.

Sin datos por unidad, esas diferencias se diluyen en el total y nadie las ve hasta que el número general ya es alarmante.

Error 5: Rotar mal a los conductores o no registrar quién usa cada vehículo

Cuando varios conductores usan el mismo vehículo sin una asignación clara, la responsabilidad sobre el cuidado de la unidad se diluye. Nadie reporta los golpes menores, las luces que parpadean o los ruidos extraños porque asumir que «alguien más lo habrá visto» es más cómodo que reportarlo.

Un sistema básico de asignación y firma de salida/entrada —aunque sea manual— genera trazabilidad y cambia la cultura de uso. Los conductores cuidan mejor lo que sienten que es su responsabilidad directa.

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Error 6: Ignorar los neumáticos hasta que es tarde

Los neumáticos son el componente más subestimado en los planes de mantenimiento de flota. Una presión incorrecta aumenta el consumo de combustible, acelera el desgaste de la banda de rodamiento y compromete la estabilidad del vehículo. Una cubierta en mal estado que falla en ruta genera costos que van mucho más allá del reemplazo de la pieza: asistencia, tiempo perdido, y riesgo real para el conductor y la carga.

La inspección visual semanal y el control de presión quincenal son dos hábitos de costo casi cero que pueden extender la vida útil de las cubiertas entre un 20 % y un 40 %.

Error 7: No calcular el costo real por kilómetro de cada unidad

Sin este número, es imposible tomar buenas decisiones sobre renovación de flota. Muchas empresas siguen operando vehículos viejos porque «ya están amortizados», sin tener en cuenta que el costo operativo de esa unidad —sumando combustible, mantenimiento, reparaciones y tiempo fuera de servicio— puede superar ampliamente el costo de financiar una unidad nueva o más eficiente.

El cálculo de costo por kilómetro incluye todos los gastos directos e indirectos asociados a una unidad en un período determinado, divididos por los kilómetros recorridos. Es la métrica que mejor refleja la salud económica real de cada vehículo en la flota.

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El patrón detrás de los 7 errores

Lo que tienen en común todos estos errores es la falta de datos sistemáticos. No se trata de invertir en tecnología cara ni de cambiar todo de golpe: se trata de empezar a medir lo que hoy no se mide, registrar lo que hoy se hace de memoria y tomar decisiones con información en lugar de intuición.

Las flotas que mejor funcionan no son necesariamente las más nuevas ni las más grandes. Son las que tienen procesos claros, registros actualizados y una cultura interna donde el mantenimiento no es una interrupción del trabajo sino parte del trabajo mismo.